Salud y Tóxicos.

Advierten sobre los riesgos de la exposición a plaguicidas en niños y embarazadas.

Córdoba, 5 de octubre de 2005. La Maestría en Salud Materno Infantil de la Universidad Nacional de Córdoba, advirtió sobre los riesgos de la exposición a plaguicidas para la salud de las embarazadas y niños menores a cinco años. “Los niños son más sensibles a los plaguicidas porque tienen, en relación a su peso, una mayor superficie expuesta y consumen más líquidos y alimentos que los adultos. El feto puede además ser contaminado por la madre a través de la placenta y el bebé durante el amamantamiento. En el caso de los plaguicidas organoclorados varios son disruptores endocrinos y pueden por lo tanto alterar el delicado sistema hormonal de los niños”, explicó Raúl Montenegro, biólogo y docente de la Maestría. El especialista también sostuvo que “muchos plaguicidas suelen afectar el sistema inmune, como dieldrin, aminocarb, captán, carbaryl, lindano, malathión y diclorfós. Algunos reducen así la resistencia de los bebés y niños pequeños a las infecciones virales y bacterianas. Lo grave es que cada plaguicida está usualmente compuesto por un cóctel de sustancias químicas que incluyen al principio activo, ingredientes inertes, coadyuvantes y aditivos además de residuos de fabricación. El herbicida 2,4,5 T, de uso prohibido en Argentina, contenía la dioxina TCDD, un cancerígeno humano cierto según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC).

La Academia Americana de Pediatría en su libro Salud Ambiental Pediátrica (2003), indica que los plaguicidas pueden ser tóxicos tanto para niños como para adultos y que están presentes en alimentos, agua de bebida, medicamentos, viviendas, escuelas y parques". En un monitoreo realizado por la Unión Europea y Noruega el 36% de las legumbres, frutas y cereales que consumían las personas tenían residuos de plaguicidas. Según la Academia Americana "el riesgo de exposición a los plaguicidas se incrementa en los niños particularmente cuando sus padres trabajan como agricultores o aplicadores de plaguicidas", pues pueden transportar estos tóxicos a sus hogares en la ropa.

En el mercado existe una variada gama de plaguicidas, entre ellos organofosforados, organoclorados, organometálicos, carbamatos, piretroides y derivados de urea y cumarina. Solamente en la Comunidad Europea están registrados 800 plaguicidas. . Si bien los primeros insecticidas clorados se desarrollaron en la década de 1940, tres décadas después muchos de ellos debieron ser prohibidos porque eran demasiado persistentes, se acumulaban a lo largo de las cadenas alimentarias, afectaban los sistemas endocrinos o resultaban cancerígenos. Según Raúl Montenegro "debe distinguirse claramente el efecto toxicológico agudo de la exposición crónica a las bajas dosis. La exposición a los plaguicidas más utilizados en soja, como glifosato, endosulfán y 2,4 D son un riesgo cierto para las personas expuestas aunque no sean habituales los casos de intoxicación aguda. Los médicos alergistas, por ejemplo, detectan con preocupación una alarmante cantidad de casos de alergia en las áreas urbanas colindantes con campos fumigados. Lamentablemente, la mayor parte de los plaguicidas en uso no ha sido sometido a testeos de neurotoxicidad".

Rutas de exposición.

Las principales rutas de exposición a plaguicidas son la aérea, la digestiva y la dérmica. Muchas veces en la etapa de almacenamiento o a lo largo de estas rutas la temperatura y otras interacciones con el ambiente pueden generar a veces sustancias más tóxicas que el propio principio activo. "Del malathión por ejemplo deriva el isomalathión, 6 veces más tóxico", indica Montenegro. La aplicación con aviones, máquinas mosquito y mochilas provoca derivas que el viento lleva hasta los pulmones, la piel, el agua y los alimentos de las personas que viven en cercanías de los campos tratados. “Los pesticidas almacenados en contenedores de alimentos y botellas de bebidas tienen un riesgo especial para los niños. Es habitual que en los hogares existan plaguicidas para el control de insectos, pero el problema es que muchas veces están al alcance de los niños", indicó la Academia Americana de Pediatría.

Los bebés y niños pueden ser expuestos a través de sus dietas, pues se han identificado plaguicidas en alimentos frescos (vegetales de campos tratados, pescado procedentes de ríos contaminados). La Academia Americana de Pediatría señaló que los pesticidas también pueden ser encontrados en agua de red, debido a las fallas en las tecnologías de tratamiento o a la falta de aplicación de los estándares de agua. “Es importante agregar que los niños tienen un particular riesgo de exposición por su permanente costumbre de llevarse la mano a la boca. Los niños consumen cantidades considerables de tierra que pueden contener pesticidas orgánicos persistentes y metaloides como el arsénico.  Ya sea por ingestión o inhalación los niños tienen frecuentemente graves exposiciones a los pesticidas”. 

El creciente uso de insecticidas y herbicidas de media y baja toxicidad en viviendas aumenta el riesgo de que los niños queden expuestos. Es frecuente además el uso de herbicidas como el glifosato en parques, plazas y jardines donde los niños juegan. Como no existen usualmente monitoreos ni se llevan adelante estudios epidemiológicos de envergadura, es muy probable que la exposición a bajas dosis pueda estar produciendo efectos indeseados que las estadísticas de salud no registran.

Efectos  de plaguicidas en la salud.

Los organofosforados pueden producir la inhibición irreversible de la acetilcolinesterasa, una enzima que controla la cantidad de acetilcolina presente en las uniones de las células nerviosas. Hasta la prohibición definitiva de etil y metil parathión "muchos niños murieron por daño cerebral irreversible tras haber ingerido accidentalmente fosforados", recordó Raúl Montenegro. Tanto los organofosforados como los carbamatos pueden producir náuseas, vómitos, hipersecreción, broncoconstricción, cefaleas y eventualmente la muerte a grandes dosis.  Altas dosis de piretroides suelen ocasionar reacciones alérgicas, anafilaxis, temblor y ataxia, mientras que organoclorados como  el lindano y endosulfán pueden producir bloqueo de GABA, falta de coordinación, temblores, disturbios sensoriales y vértigo. "Pero además de los efectos agudos lo que más nos preocupa ahora son las exposiciones crónicas a bajas dosis. La expansión de las áreas cultivadas con soja también amplió la cantidad de personas expuestas a insecticidas clorados y herbicidas. Como muchas de estas sustancias alteran el sistema hormonal e inmune, varios plaguicidas usados a bajas dosis pueden sumar sus efectos. Lamentablemente Córdoba y otras provincias siguen sometidas a un experimento epidemiológico sin precedentes".

Recomendaciones.

No entrar al campo que ha sido fumigado o tiene signos de tratamiento con plaguicidas. Las partículas del suelo también pueden estar contaminadas, y ser arrastradas por el viento e inhaladas. Los niños no deben acompañar a los adultos cuando estos fumigan. 

Los aplicadores de plaguicidas no deben llevar a sus viviendas la ropa y herramientas de trabajo, o si lo hacen su limpieza debe seguir pasos muy estrictos. Nunca deben jugar con los niños sin antes tener ropa limpia y haberse lavado con abundante agua y jabón las manos y el cuerpo.

Mantener herméticamente cerrados los tanques donde se almacena el agua de bebida para evitar que se contaminan con plaguicidas. Limpiarlos periódicamente y sacar todos sus sedimentos. No utilizar agua que pudiese estar contaminada con plaguicidas para la limpieza de platos, bebida, cocinar alimentos, lavar la ropa, bañarse o pescar. Recordar que el calentamiento de agua aumenta la concentración de plaguicidas no volátiles (como endosulfán por ejemplo). 

No tomar bebidas o comer dentro de campos tratados con plaguicidas, ni permitir que los niños y adolescentes jueguen o permanezcan en depósitos de legumbres, hortalizas, frutos y cereales. 

No poner plaguicidas en contenedores no identificados, ni alimentos o bebidas en envases cuyo origen se desconozca. Los envases de plaguicidas no deben ser utilizados para ninguna finalidad. Tampoco quemar los envases de plaguicidas, pues sus gases y partículas pueden ser extremadamente tóxicos, y en el caso de organoclorados, como DDT y dieldrin, también posibles cancerígenos humanos.

Tratar de no utilizar pesticidas en las viviendas. En la medida de lo posible preferir el uso de mosquiteros, sustancias naturales repelentes, etc. Si se usan sustancias químicas preferir las de baja toxicidad, y almacenarlas en recipientes herméticos bien señalados e inaccesibles para los niños.

Si se advierte que hay fumigación aérea o terrestre próxima, cerrar todas las aberturas de la vivienda y mantener en su interior a los niños. 

Si se vive en una zona habitualmente expuesta a la fumigación, los niños no deberían jugar en el suelo o la vegetación expuesta, pues podrían contaminarse con plaguicidas persistentes.

Nota: Lic. Rosana A. Guerra. 


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