Informe sobre Estimulación Temprana.

11/06/2014. Diario La Voz del Interior. Suplemento Salud. Nota de Tapa.

La estimulación que facilita el desarrollo

Primeros años. La importancia del acompañamiento familiar o profesional para potenciar el delicado proceso de crecimiento del niño durante esta etapa clave.

Por Rosana Guerra.

Ilustración: Gustavo Dagñino. Gentiliza. Diario La Voz.

Los primeros años en la vida de una persona son claves y la forma en que se desarrollen influirá en gran parte en su futuro. La estimulación temprana en el niño sano no es un proceso terapéutico, ni implica pautas de enseñanza formal, pero sí incluye acciones cuyo beneficio fue confirmado con evidencias. A través de ellas se transmite afecto, se garantiza una adecuada nutrición y se potencia la predisposición del niño a aprender y a socializar a través del juego.

Entre otras, se recomiendan las siguientes formas de estimulación, que varían según la edad del pequeño.

En los primeros meses, darle al bebé juguetes de colores vivos para que sostenga ayuda a desarrollar la prensión manual. Repetir los sonidos que realiza constituye una forma de estimulación auditiva, que facilita la adquisición del lenguaje y también tranquiliza al bebé que viene escuchando la voz –sobre todo de su madre– desde la gestación. Cambiarlo de postura, y ayudar a que de vueltas sobre su cuerpo, permite que pueda mirar cosas diferentes. Acariciarlo no sólo lo tranquiliza, sino que le ayuda a desarrollar la destreza sensorial.

Alrededor de los nueve meses el juego, ya más interactivo, estimula a caminar, le permite diferenciar el calor del frío y a relacionar palabras con elementos. Al año, los libros con dibujos también facilitarán el desarrollo del lenguaje y la adquisición de conocimientos, además de una recreación más independiente. Alrededor del año y medio, que un adulto o un niño mayor le lea potenciará todavía más ese proceso. Armar rompecabezas simples y clasificar por formas y colores colabora asimismo en el desarrollo de la memoria.

Dedicar un espacio a la actividad física y el juego, seguro y con supervisión, fomenta la adquisición de cada vez más habilidades motrices. En ese espacio y tiempo se puede promover la construcción y creatividad. A lo largo de los años, es importante detectar intereses particulares y es recomendable brindarle herramientas, juegos y contenidos que los satisfagan. Visitar lugares relacionados y conocer otros niños que compartan sus placeres facilita la integración social.

Proceso terapéutico

La denominada “atención temprana” es el acompañamiento, y las intervenciones en relación con el niño, su familia y su entorno, ése que lo envolverá con las modalidades familiares propias, biológicas, sociales y geográficas.

“El proceso terapéutico en estimulación temprana se da cuando el niño ya presenta una alteración en su neurodesarrollo por ejemplo déficit sensoriales, alteraciones cromosómicas que ocasionen o puedan ocasionar discapacidad intelectual o psicomotora, malformaciones o lesiones en el sistema nervioso. Tanto el acompañamiento del desarrollo como el proceso terapéutico requieren de un profundo conocimiento del neurodesarrollo y experiencia con bebés pequeños”, explica María Victoria Margara, integrante del equipo de seguimiento de niños de alto riesgo en la evaluación del neurodesarrollo del Hospital Materno Neonatal y del Sanatorio Allende Cerro.

La estimulación temprana es clave para asegurar un neurodesarrollo infantil adecuado que ocurre los primeros años de vida. Estimulación temprana y neurodesarrollo son dos términos que se relacionan pero son esencialmente diferentes. El neurodesarrollo es un proceso universal de los niños, está determinado genéticamente y es parte del potencial biológico de cada niño. La estimulación temprana, como especialidad, es una herramienta tendiente a acompañar y favorecer ese proceso, a intervenir de manera temprana e integral en momentos donde la plasticidad cerebral abre ventanas de oportunidad que luego se cerrarán.

“Esto implica acompañar el desarrollo del niño que se da en el seno de una familia y necesita un abordaje amplio y por otro lado estratégico, toda vez que, al actuar tempranamente previene el afianzamiento de las dificultades o su cronificación, favoreciendo la máxima expresión del potencial propio de cada niño”, agrega María Teresa Arinci, médica pediatra y referente del área de Desarrollo Infantil de la Dirección de Jurisdicción de Maternidad e ?Infancia.

La mayor parte del desarrollo cerebral ocurre después del nacimiento, al menos en las dos primeras décadas. Sin embargo, el mayor crecimiento cerebral ocurre en los primeros años de vida. “Esto nos da una primera aproximación a la importancia del desarrollo cerebral en las etapas tempranas. Este crecimiento no solo es en tamaño: después del nacimiento se producen la mayor parte de las miles de conexiones que tienen las neuronas entre sí, formando los circuitos (“cableado fino”) que sostienen las complejas funciones cerebrales que permitirán al niño conocer el mundo, caminar y correr, hablar, dibujar, jugar y aprender”, explica Alicia Mauro, médica especialista en pediatría y jefa del servicio de Neurología del Hospital de Niños de Córdoba.

La especialista agrega que a partir de los 2 años muchas de estas conexiones se pierden (la estimulación aparentemente podría ayudar a preservar algunas conexiones lábiles). Estos son algunos de los fenómenos involucrados en la plasticidad cerebral.

En el ser humano el desarrollo cerebral excede el período fetal, continuando durante los primeros años de vida, por eso se dice que el cerebro nace inmaduro. Esto es una ventaja ya que la organización y la función de este sistema puede ser controlada dependiendo de los inputs (información, estímulos del exterior) del ambiente.

“Éste es un período crítico en el que las estructuras cerebrales son óptimas para la adquisición de determinadas funciones. Las experiencias ocurridas en estos períodos tempranos pueden llegar a modificar aspectos funcionales y anatómicos, tanto de sistema nervioso central como de la conducta”, señala Margara. Frente a un daño o lesión, el cerebro joven es capaz de relocalizar funciones, es entonces que la estimulación en esta etapa pasa a ser esencial para el desarrollo psicomotor.

Por eso los especialistas advierten que una desnutrición grave en los primeros años de vida compromete este desarrollo físico y no siempre el fallo es totalmente reversible.

Sin embargo, la nutrición adecuada no es suficiente. El desarrollo normal del sistema nervioso humano es un proceso secuencial y ordenado, programado genéticamente pero que requiere de las influencias ambientales para su desarrollo final.

“Dicha estimulación debe realizarse en las épocas apropiadas (particularmente los primeros meses y años de vida). Pasados estos periodos críticos, la función puede que no se establezca o lo haga de modo deficiente e inadecuado”, indica Mauro. Desde hace centurias que se conoce que la deprivación emocional y la falta de estimulación del lenguaje produce efectos catastróficos en el desarrollo emocional del niño así como del lenguaje, aun con nutrición adecuada.

“El neurodesarrollo no es un hito aislado sino la dimensión biológica que acompaña y da basamento al desarrollo infantil en su dimensión más compleja e integradora, donde afectividad, aprendizajes, sociabilización, se van entrelazando en una trama singular para cada niño que está inmerso y relacionado con la familia, espacios comunitarios y sociales, donde transcurre la infancia”, explica María Teresa Arinci.

Ventana de oportunidad

En desarrollo hay un “período crítico” donde es clave poner énfasis en mirar las condiciones necesarias para el desarrollo normal (el crecimiento, la nutrición, el vinculo madre-hijo de un niño. Mientras, el “periodo sensible” es el tiempo durante el cual el sistema nervioso es altamente susceptible a los efectos de condiciones externas o internas ?dañosas.

“La lactancia materna hace al desarrollo integral de un niño y es altamente recomendable que el bebé tome solo pecho los primeros seis meses de vida (periodo sensible); sin embargo, las primeras 24 o 48 horas de vida son críticas para que se instale la lactancia (período crítico), pues esas primeras horas de vida son determinantes, tanto para la madre como para el niño, para que el bebe se prenda al pecho, poniendo en marcha no solo el reflejo de succión sino recreando un vinculo que venía gestándose durante los meses de embarazo”, señala Nora Bezzone, psicomotricista, especialista en Estimulación temprana del área de Desarrollo Infantil de la Dirección de Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Provincia.

Entre los 0 y los 3 años existe un período en el que se sientan las bases de todo el desarrollo posterior, por ello es de crucial importancia tanto la puesta en marcha de las funciones cerebrales como las múltiples conexiones de las células nerviosas (neuronas).

Las diferentes regiones del cerebro maduran en distintos momentos. En estos tres años hay múltiples períodos sensibles y críticos en los que el cerebro es muy eficiente para el desarrollo de funciones a partir de la experiencia y de acuerdo con el estadio evolutivo. Esta etapa es conocida como una “Ventana de oportunidad”.

Señales para los padres

Prestar atención tanto al desarrollo físico como conductual. En los primeros meses de vida debemos prestar atención a si el bebé establece contacto visual firme con las personas y el mundo. También es importante ver que sostiene la cabeza, luego se siente y posteriormente se siente y camine.

Observar que sonría, balbucee y luego hable, que busque atención familiar (preocuparse de aquellos niños demasiados tranquilos que no demandan atención). 

Consultar si a los 2 años tiene un lenguaje muy pobre o atípico (siempre estar atento a la probabilidad de la presencia de hipoacusia o pobre audición). También observar la aparición de claro intento comunicativo y afectividad, de la aparición de un juego simbólico creativo. 

Evaluar  la prensión manual y el desarrollo del grafismo. Durante el comienzo de la escolarización (jardín de infantes) prestar atención a las observaciones de las docentes: ellas tienen notable capacidad para detectar dificultades tanto en las áreas emocionales como comunicativas y de aprendizaje.

El pediatra es clave en la detección de dificultades tempranas en el neurodesarrollo, particularmente en el caso de niños que se retrasan notablemente para caminar o de los que no hablan o tiene comportamientos atípicos (se aíslan, no tienen juego creativo, presentan conductas repetitivas y extrañas, etcétera).

Ventana de oportunidad

En la etapa denominada “ventana de oportunidad”, la intervención terapéutica potenciará el neurodesarrollo infantil, pues será la experiencia lograda en escenarios enriquecidos la garante de la mejor posibilidad para que cada niño crezca sin mayores desventajas, advierte María Teresa Arinci, médica pediatra y referente del área de Desarrollo Infantil de la Dirección de Jurisdicción de Maternidad e Infancia.

En la medida que un organismo se desarrolla neuropsicológicamente, muchas influencias externas logran la diferenciación que nos convierte en un individuo complejo y único. 

“La plasticidad cerebral o neuroplasticidad es una habilidad del cerebro para reorganizar los circuitos neuronales en base a nuevas experiencias que se mantiene durante toda la vida”, señala Alicia Mauro, médica especialista en pediatría y jefa del servicio de Neurología del Hospital de Niños de Córdoba. El desarrollo cerebral es más rápido durante la vida fetal y el primer año de vida y se desacelera progresivamente durante la infancia. Se considera que el remodelado de estos circuitos persiste durante toda la vida y es responsable del aprendizaje a partir de la experiencia mediante el mantenimiento de datos en la memoria, que son los bloques de construcción de las conductas de adaptación y cognoscitivas.

Construcción o la experiencia. Para lograr aprender o memorizar un hecho o habilidad, deben persistir cambios funcionales cerebrales que representa el nuevo conocimiento. Esta habilidad del cerebro de cambiar con el aprendizaje es lo que se conoce como neuroplasticidad. En este proceso pluridimensional, los niños construyen su mundo y lo hacen desde el mismo momento de su nacimiento. La familia asistirá a este proceso. “Se trata sobre todo de disponer voces, miradas, mimos, cuidados, juguetes, cuentos, historias; es decir, cosas valiosamente sencillas, para acompañar la maravilla cotidiana que nos propone un niño”, agrega Nora Bezzone.

Una oportunidad para la atención integral

Los primeros años, fundamentales


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