Informe sobre accidentes en la infancia.

Publicado en el Suplemento Salud del Diario La Voz del Interior. 29/01/2014

Más cuidado: niños en el hogar.

Accidentes domésticos en verano. Riesgos típicos en un momento en el que los chicos están más tiempo en el hogar. Ahogamientos, traumatismos y electrocuciones pueden prevenirse.

Por Rosana Guerra*

*Periodista. Journalist. Lic. en Comunicación Social.

La prevención de accidentes que afectan a niños y adolescentes es la manera más importante, económica y saludable de protegerlos de lesiones que puedan incidir negativamente en su crecimiento y calidad de vida. Y aunque los accidentes domésticos se pueden producir todo el año, en verano hay situaciones particulares de riesgo que, reforzando las precauciones, se pueden evitar.

La clave está en promover conductas seguras de autoprotección y protección, y la mejor recomendación es la supervisión de un adulto responsable. Particularmente, en los lactantes y niños, un minuto sin vigilancia puede ser suficiente para generar una situación de riesgo, advierten desde la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

“Las lesiones por accidentes constituyen también la primera causa de años de vida potenciales perdidos, muy por delante de las enfermedades. Se calcula que uno de cada cuatro niños sufre una lesión por año y los más expuestos son los más pequeños y los adolescentes”, explica Ingrid Waisman, médica pediatra neonatóloga, presidenta de la subcomisión de Prevención de Lesiones de la Sociedad Argentina de Pediatría. La mayor proporción de lesiones se registra entre los 15 y los 17 meses. Por lo tanto, los lactantes, cuando comienzan a deambular, representan un grupo especialmente vulnerable a padecer accidentes.

“En el verano debemos prestar atención a los accidentes en el agua, pues estos suponen la segunda causa de muerte (después del tránsito) en niños y adolescentes”, advierte Luis Ahumada, médico pediatra neonatólogo, Presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría, filial Córdoba. El ahogamiento se registra con mayor frecuencia en niños de entre 1 y 4 años, en general en ámbito doméstico o piletas, y en preadolescentes y adolescentes, principalmente en ríos o lagos por no respetar las normas de seguridad, aclara el especialista. Cursos de agua que no están dentro del ámbito doméstico pero sí pueden estar cerca de la casa del niño también son escenarios peligrosos. “En esta época se producen muchos accidentes por inmersión, generalmente en espejos de agua irregulares como canales de riego, lagunas de contención pluvial y represas de quintas, donde muchas veces los niños y jóvenes se bañan”, alerta Medardo Ávila Vásquez, pediatra de los consultorios que funcionan en el Hospital de Clínicas. “Por su bajo peso, son rápidamente arrastrados por corrientes o desaparecen de la superficie en un instante. Si no son rescatados rápidamente, pueden morir o quedar con graves secuelas. En los sectores socioeconómicos más vulnerables, los niños son cuidados por otros niños y esto multiplica el riesgo”, añade.

Además de los casi ahogamientos, Ricardo Rassi, subdirector del Hospital Infantil, señaló que en el establecimiento se detectan casos de niños lesionados por caída de piletas de cemento para lavar ropa mal empotradas. Los niños abren el grifo y pretenden treparse con el fin de refrescarse. Lo típico es que la pileta de lavar caiga a la altura de la caja torácica o el abdomen, lo que genera trauma severo, con daño en el hígado o pulmones y alta morbimortalidad (enfermedad posterior o muerte). En los últimos años, el registro de este tipo de accidentes ha disminuido, debido a que se efectuaron campañas para el reemplazo por piletas plásticas o de cemento bien empotradas.

Rassi afirma que en verano también puede producirse electrocución cuando el niño, desca lzo y con los pies o todo el cuerpo mojados, toma contacto con tomacorrientes.

Asimismo, pueden registrarse traumatismos por pisos mojados; quemaduras de manos y pies por altas temperatura de pisos en los patios; contacto con plaguicidas, fertilizantes o venenos para insectos en espacios verdes de la propiedad, así como intoxicación por contacto con plantas venenosas o con frutos tóxicos; o lesiones oculares o en piel por plantas con puntas filosas.

Cuidadores

Uno de los pilares básicos en prevención de lesiones en niños pequeños es la supervisión a cargo de un adulto responsable. El desafío es el equilibrio entre la sobreprotección y el descuido. “Los padres deberán encontrar el justo término entre estos extremos, de acuerdo con el medio en que se encuentren y a su estilo de crianza. El cuidador debe reunir condiciones de aptitud física y psicológica, no ser ni demasiado joven ni demasiado anciano y tener responsabilidad e interés por el niño”, indica Ahumada quien, además de presidente de la SAP filial Córdoba, es jefe del servicio de Neonatología del Hospital Misericordia de Córdoba.

La proporción cuidadores/niños es importante y depende de las circunstancias y de la edad del infante. Tratándose de pequeños, se requiere atención permanente, proximidad física y permanencia efectiva. En el caso de actividades en el agua, prevenir accidentes requiere que el adulto a cargo esté permanentemente atento al niño, sin distracciones, y a una distancia que posibilite auxiliarlo en forma inmediata si surgen problemas.

El cuidado en el hogar, dependiendo de las circunstancias y de la edad del niño, adoptará modalidades algo más relajadas si la criatura está dormida, y más estrictas si está en el baño, o jugando en la cocina. “La supervisión es condición necesaria, pero no suficiente para la prevención, ya que la mayoría de las lesiones graves ocurren cuando los niños se encuentran bajo la vigilancia de adultos. Ejemplos clásicos son las caídas desde andadores, y las quemaduras por líquidos calientes”, agrega Waisman, quien además de presidenta de la Subcomisión de Prevención de Lesiones de la SAP es jefa del servicio de Neonatología de Neoclínica de Río Cuarto. Muchos padres dejan a sus hijos al cuidado de sus abuelos y, aunque su presencia refuerza el vínculo con los más pequeños, es fundamental que los abuelos estén física y psicológicamente aptos para esa tarea. Los hermanos mayores pueden co laborar en la asistencia, pero no se recomienda que tengan toda la responsabilidad; se observan conductas más relajadas y las pautas de vigilancia y medidas de seguridad muchas veces no se cumplen con eficiencia, además de asignarle a una persona que también es menor una responsabilidad que puede estresarlo o hacer que descuide su propia protección.

Antes de los 4 años, es muy difícil que un niño asuma que una acción sea peligrosa para su vida, por lo que la concientización debe estar enfocada en los adultos. Vacaciones en guarderías o jardines, combinadas con actividad laboral de los padres suponen un desafío.

Objetos atractivos en entornos peligrosos.

Vaciar una pileta de juguetes cuando se termina la jornada debería ser una rutina veraniega, indica Ricardo Rassi, subdirector del Hospital Infantil. La presencia de un juguete en una superficie de difícil acceso puede incitar acciones de riesgo para un niño, desde meterse en el agua hasta tirar de manteles de una mesa o subirse a muebles inestables.

Judith Barrera, directora del Hospital Municipal de Carlos Paz, apunta que tanto niños como adultos pueden sufrir un accidente por realizar malos cálculos a la hora de tirarse a la pileta. “Es el típico caso del turista que alquila una casa y en la primera zambullida sufre un traumatismo por no estimar bien la profundidad del agua o no detectar puntas peligrosas en los bordes”, describió.

Silvia Ferreyra, subdirectora del Hospital Pediátrico, precisa que la cantidad de ingresos por emergencias causadas por accidentes domésticos se mantiene estable todo el año, pero que, mientras en invierno la mayor parte se producen en los dormitorios o en las cocinas, en verano el escenario habitual son el patio y el jardín. No sólo por posible ahogamiento en piletas, sino también por desplazarse con patines o en patinetas y por mordeduras.

Una lesión típica de la niñez –y que suele dejar pruebas a través de pequeñas cicatrices– es la apertura del mentón por golpes. “Los niños no tienen el mecanismo de defensa de colocar las manos, a lo que se suma el hecho de que las tienen ocupadas con juguetes mientras están corriendo”, afirma Ferreyra.

También es habitual que los niños –que permanecen más tiempo en la casa, al resguardo generalmente de hermanos menores de 12 años– quieran jugar aunque sea con animales.

Señala que es preciso explicar a los pequeños que no hay que molestar a perros propios cuando están comiendo, porque la mascota puede interpretar que se le quiere quitar el alimento y puede ponerse agresivo. Asimismo, hay que advertirle que no trate de tocar a perros de desconocidos. Ferreyra asevera que las lesiones por mordedura de animales explican muchas de las entradas a la guardia del hospital, en buena medida porque aumentó la población canina en las calles.

La ingesta de sustancias peligrosas es otra de las situaciones que se descubren y se explica porque los padres suelen colocar líquidos fraccionados en botellas de 250 centímetros cúbicos (que los niños pueden manipular por ser livianas) y generalmente de colores llamativos. Si el niño tiene sed, intentará encontrar una bebida y explorará entre las botellas que estén a mano. “Por eso siempre decimos a los padres que las pongan en altura, bien identificadas con rótulos grandes o tapadas, por ejemplo con papel de diario”, describe Ferreyra.

Agrega como consejo práctico el poner protección de goma en las manijas de las heladeras, aunque sea la de una manguera cortada al medio, porque es muy difícil de controlar que los niños descalzos no las abran.

El susto del chico también puede generar accidentes. Por ejemplo, cuando se dice que un niño menor a 3 años puede ahogarse en 15 centímetros de agua, que esté colocada por caso en un valde, es porque usualmente el niño se cae, se golpea, se asusta, abre la boca y aspira, lo que hace que entre agua en los pulmones.

“El accidente del hogar depende de la época estacional y de la edad”, ratifica María Eugenia Gordillo, jefa del Departamento de Emergencias del Hospital de Niños Santísima Trinidad. Aclara que la picadura de insectos es una patología accidental y que en esta época prevalece el alacranismo. Asimismo, destaca que el “mate no perdona” en ninguna época del año, por lo que ingresan también muchos niños por quemaduras producidas por agua caliente. 

 

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